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Berna (el hábito sí hace al monje)

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Aunque supuestamente la creación artística es un proceso casi místico y fruto de la inspiración de las musas, lo cierto es que en realidad depende bastante de factores algo más mundanos como el esfuerzo, la técnica y las herramientas usadas.

En lo que a música se refiere, nuevos instrumentos han ofrecido la posibilidad de nuevas músicas. Y no hablo sólo de sintetizadores, sino de como Schubert no habría compuesto los mismos temas con un clavecín en vez de con un piano, o como el rock no habría sido lo mismo sin guitarras eléctricas y amplificadores distorsionando.

Algunas etapas en la historia de la música electrónica se vieron fuertemente influenciadas, o sería mucho más exacto decir limitadas, por los artilugos electrónicos de creación, procesado y registro de sonido disponibles en el momento. Una de esas etapas, previa a la aparición del sintetizador, es la de los laboratorios electro-acústicos en donde osciladores, grabaciones acústicas y sobre todo mucha cinta magnetofónica cortada a mano con cuchilla eran las únicas herramientas disponibles.

Para los que crean que puede resultar refrescante volver a convivir con las limitaciones que tuvieron los pioneros de la electrónica (y ojo, que me refiero a  mucho antes de Moog o Buchla) quizás encuentren divertido y barato el software lanzado por gleetchplug.

 

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